En mi reloj faltan quince minutos para las once de la mañana. Tuve un sueño muy raro gracias a una llamada telefónica. Pero fue sueño al fin.
Cuando me desperté, intenté sentarme en posición de flor de loto y me fui de espaldas, golpeando a la pobre cabecera de mi cama con mi dura cabeza... ¡Qué patético esfuerzo!, así que comienzo el día con un golpe y unas ganas tremendas de gritar ¡Qué huevaaaaaaaaaaaaaaa!
Nos leemos, gentes.
miércoles, 10 de octubre de 2007
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